A las 10 de la mañana partimos en la embarcación. Richard propone una inmersión caribeña en Cerro Gordo. Se acelera mi corazón: nunca he buceado allí y estaba deseándolo.
Voy con Galo, experto submarinista y fotógrafo. El agua está a 20ºC, buena visibilidad.
Desde el principio me maravilla la diversidad de vida. Comienzo a fotografiar todo lo que se mueve y lo que no.
Las rocas de los acantilados descansan s
obre una arena muy blanca.
Fotografío un almeja gigante tridacna, blenios, cabrillas, sargos.
Sobre una cama de conchas de almejas, en la puerta de su guarida, un pulpo nos observa con pasmosa tranquilidad.
Llegamos a una máxima profundidad de 13 metros. Llama nuestra atención otro buceador que nos lleva hacia una pareja de nudibranquios. Fotografiamos unas puestas con formas de encaje enrollado.
Ha pasado una hora casi sin darnos cuenta. Galo me comunica que debemos concluir nuestra inmersión.
Subimos a esperar a la barca.
Qué inmersión más gratificante.
Por las cuestas de Pataura
Reflexiones sobre historia natural
domingo, 5 de junio de 2011
jueves, 7 de abril de 2011
Para qué he vivido
Suscribo las palabras de Bertrand Russell (salvando las distancias, claro):
“Tres pasiones, simples pero irresistiblemente fuertes, han gobernado mi vida: el ansia de amor, la búsqueda de conocimiento y una insoportable piedad por el sufrimiento de la humanidad. Estas pasiones me han llevado, como grandes vendavales, de aquí para allá, por un caprichoso camino, a través de un profundo océano de angustia, llegando al mismo borde de la desesperación.
He buscado amor, primero, porque trae éxtasis, un éxtasis tan grande que a menudo habría sacrificado el resto de mi vida por unas pocas horas de esta alegría. Lo he buscado, en segundo lugar, porque mitiga la soledad, esa terrible soledad en la que nuestra temblorosa conciencia mira, más allá del límite del mundo, al abismo frío, insondable y sin vida. Lo he buscado, finalmente, porque en la unión del amor he visto, en una mística miniatura, una protovisión del cielo que los santos y los poetas han imaginado. Esto es lo que busqué, y aunque puede parecer demasiado bueno para la vida humana, esto es, al menos, lo que he encontrado.
Con igual pasión he buscado conocimiento. He deseado comprender el corazón de los hombres. He deseado saber por qué brillan las estrellas. Y he tratado de comprender el poder pitagórico mediante el cual el número domina el flujo. Un poco de esto, aunque no mucho, he logrado.
Amor y conocimiento me transportaron, tanto como fue posible, hacia los cielos. Pero la piedad siempre me trajo de regresó a la tierra. Reverberan en mi corazón ecos de los gritos de sufrimiento. Niños hambrientos, víctimas torturadas por opresores, ancianos desamparados que constituyen una odiada carga para sus hijos, y todo un mundo de soledad, pobreza y sufrimiento hacen que la vida parezca una burla de lo que debería ser. Ansío aliviar el mal, pero no puedo, y yo también sufro. Esta ha sido mi vida. He encontrado que merece la pena vivirla, y alegremente la viviría de nuevo si se me ofreciese la oportunidad.”
Bertrand Russell “Para que he vivido”.
“Tres pasiones, simples pero irresistiblemente fuertes, han gobernado mi vida: el ansia de amor, la búsqueda de conocimiento y una insoportable piedad por el sufrimiento de la humanidad. Estas pasiones me han llevado, como grandes vendavales, de aquí para allá, por un caprichoso camino, a través de un profundo océano de angustia, llegando al mismo borde de la desesperación.
He buscado amor, primero, porque trae éxtasis, un éxtasis tan grande que a menudo habría sacrificado el resto de mi vida por unas pocas horas de esta alegría. Lo he buscado, en segundo lugar, porque mitiga la soledad, esa terrible soledad en la que nuestra temblorosa conciencia mira, más allá del límite del mundo, al abismo frío, insondable y sin vida. Lo he buscado, finalmente, porque en la unión del amor he visto, en una mística miniatura, una protovisión del cielo que los santos y los poetas han imaginado. Esto es lo que busqué, y aunque puede parecer demasiado bueno para la vida humana, esto es, al menos, lo que he encontrado.
Con igual pasión he buscado conocimiento. He deseado comprender el corazón de los hombres. He deseado saber por qué brillan las estrellas. Y he tratado de comprender el poder pitagórico mediante el cual el número domina el flujo. Un poco de esto, aunque no mucho, he logrado.
Amor y conocimiento me transportaron, tanto como fue posible, hacia los cielos. Pero la piedad siempre me trajo de regresó a la tierra. Reverberan en mi corazón ecos de los gritos de sufrimiento. Niños hambrientos, víctimas torturadas por opresores, ancianos desamparados que constituyen una odiada carga para sus hijos, y todo un mundo de soledad, pobreza y sufrimiento hacen que la vida parezca una burla de lo que debería ser. Ansío aliviar el mal, pero no puedo, y yo también sufro. Esta ha sido mi vida. He encontrado que merece la pena vivirla, y alegremente la viviría de nuevo si se me ofreciese la oportunidad.”
Bertrand Russell “Para que he vivido”.
lunes, 28 de marzo de 2011
Aprender Ciencia
¡El mundo parece tan distinto después de aprender ciencias! Por ejemplo, los árboles están hechos básicamente de aire y al quemarse vuelve al aire y el calor de la llama devuelve al aire el calor llameante del sol, que fue atrapado para convertir el aire en árbol. (Richard Feynman).
martes, 25 de mayo de 2010
domingo, 21 de febrero de 2010
BIENVENIDOS
¡HOLA!
Bienvenidos al Blog de Donfe.
Aquí compartiremos nuestra pasión por las Ciencias
Hasta pronto
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